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Photo ©Serena Puosi
Pienza, su pueblo
Vacaciones románticas en Toscana por los Caminos del Amor
Sugestivos rincones desde Pienza hasta Florencia

San Valentín se celebra una vez al año, pero Toscana es siempre la tierra del amor y lugar para amar. Son muchos los itinerarios que los enamorados de todo el mundo pueden elegir entre los maravillosos paisajes diferentes, entre callejones y playas, entre naturaleza y leyendas, que evocan sugestiones y emociones inolvidables.

Lucignano, panorama
Lucignano, panorama- Credit:  Edisonblus

Pocos lo saben, pero la "tierra del amor" se encuentra precisamente en Toscana. Se llama Lucignano y es una pequeña aldea medieval con vistas a Valdichiana a medio camino entre Siena y Arezzo. Poblado por unas tres mil almas, es conocido no solo por la belleza de sus lugares, sino también por un gran tesoro: el Árbol del amor, una verdadera obra maestra de orfebrería gótica decorada con corales, esmaltes y cristales de roca. Una obra maestra que, según una leyenda centenaria, sella con suerte y felicidad eterna las promesas de amor de las parejas.

Y si la tierra de los amantes es Lucignano, los caminos del amor se encuentran en Pienza, la ciudad en Siena, joya del Renacimiento. Aquí, en el interminable laberinto de callejuelas que se encajan con perfección armoniosa, están las calles más románticas que recorrer. Se llaman la Vía del Bacio –calle del beso-, dell’Amore, del Buio -oscuridad- o della Fortuna -suerte- y discurren por el centro histórico de la ciudad, meta para quienes desean disfrutar no solo del sabor del tiempo, el arte y la arquitectura, sino también para aquellos que buscan un itinerario para descubrir el sueño y la magia del amor, de aquellos que se encantan, caminando de la mano, en otra dimensión. Un pueblo que ha encantado también a Franco Zeffirelli, que en el 1968 eligió Pienza como escenario para rodar la mayor historia de amor jamás conocida, la de "Romeo y Julieta".

Castiglioncello, mar en Toscana
Castiglioncello, mar en Toscana

Quienes aman mecerse en los magnetismos del mar, con el romperse de las olas en los acantilados, las fragancias y la singularidad que caracteriza a las islas, pueden sólo correr hasta la Isla del Giglio y dar tiempo al amor de vivir al ritmo tranquilo y familiar del lugar. Un amor que se entrelaza con la naturaleza y que vive de las emociones que solo aquellos que han pisado la "tierra marina" del Giglio pueden conocer realmente. La isla es de hecho una meta para las parejas, por el ambiente particular que se respira, por el encanto de las viejas casas de piedra o de las antiguas murallas, pero también por uno de los lugares más románticos del mundo, que se encuentra en medio del matorral mediterráneo y desde el que se domina el mar. El lugar es el Faro de los Enamorados, inmerso en el pinar de la Isla Azul. Desde aquí puedes dejarte llevar por los perfumes de la naturaleza y dejar que los sentimientos se fundan y se confundan entre la brisa marina y el encanto de una de las islas más seductoras del Archipiélago. (No es posible pernoctar en el interior del faro)

El mar ofrece instantes de ensueño y hace de un simple paseo un momento para recordar. Y entre los paseos nocturnos que evocan emociones conmovedoras se encuentra sin duda el de Castiglioncello, en la provincia de Livorno, un lugar querido por muchos artistas como Gassman, Sordi y Mastroianni y ubicación, en el ahora lejano 1962, de la película "Il sorpasso" de Dino Risi, icona histórico de la comedia italiana. Desde el pinar de Castiglioncello se desciende hasta el paseo marítimo y desde aquí se inicia una larga caminata que conduce a Caletta, un camino detrás del mar, con las cautivadoras luces de los barcos de pesca que se reflejan en las aguas cristalinas oscurecidas por la noche y con la luna que ilumina suavemente el camino a seguir.

Puente Vecchio en Florencia
Puente Vecchio en Florencia

Finalmente, son inolvidable para aquellos que han estado allí al menos una vez en su vida, las luces de Florencia que se reflejan en las aguas del Arno, espectáculo que se puede observar desde el Puente Vecchio. Durante el día te puedes quedar encantado por los reflejos de los palacios que mitigan las aguas de aquel que en los años cincuenta llamaron río de plata, en la armonía y elegancia de la ciudad renacentista, en el encanto de las tiendas de artesanía. Por la noche el Puente Vecchio se convierte en el lugar donde observar San Miniato, que surge detrás de la Plaza Michelangelo, donde se puede disfrutar de las luces trémulas del río, de los faroles que discurren por el Lungarno. Y que dirigen la mirada hacia una ciudad que es un continuo descubrimiento de pasadizos, tradiciones, historia, arte. De amor. Como los laberintos del Jardín Boboli, reino histórico de los enamorados, o incluso Fiesole, la "colina" más famosa de la ciudad, donde uno se pierde encantado por uno de los panoramas más bellos de Florencia. Si cierras los ojos oirás a Dante declamar su amor a Beatrice, es suficiente abrirlos para perderse en un sueño, mirar Florencia, soñar Toscana y enamorarse de verdad. 

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